miércoles, 27 de agosto de 2008

Tratamiento de los activos retirados de le empresa pero no de la contabilidad

Aunque no es una práctica muy común, algunas empresas retiran algunos activos y olvidan darlos de baja en la contabilidad, por lo que es preciso determinar las consecuencias y el tratamiento que se debe hacer frente a una situación así.
El retiro de los activos suele darse por obsolescencia, donación o pérdida, y en cualquier caso se omite retirarlos también de la contabilidad.
El caso es que si el activo no se retira de la contabilidad, legalmente seguirá existiendo, por lo que la contabilidad debe tratarse como si el activo en realidad estuviera. De hecho así se tratará puesto que si no se ha retirado de la contabilidad, es porque el encargado de esta ignora la inexistencia del activo.
Esta situación llevará a que la información contable y financiera no sea real, puesto que es posible que se esté depreciando un activo inexistente, lo cual significa un gasto también inexistente.
Además, los indicadores financieros se alteran también, puesto que se está presentando un activo que no se ajusta a la realidad, por lo que algunos indicadores se basarán sobre valores falsos.
La situación más delicada puede presentarse en relación con los impuestos, puesto que al figurar en la contabilidad un activo que ya no existe, seguramente se estará solicitando una deducción por depreciación sobre un activo inexistente y que en consecuencia, no generó renta alguna, lo cual hará improcedente esa deducción.
Es por situaciones como estas, que se hace necesario periódicamente hacer una auditoría o una verificación de activos así como se hace la verificación de inventarios, puesto que en algunas empresas cuando se realiza un procedimiento de estos, se ha llegado a detectar la falta de activos de gran valor como vehículos o maquinaria, algo para preocuparse.
Tan pronto como se detecte una situación así, es preciso hacer los ajustes respectivos en la contabilidad para que esta se ajuste a la realidad de la empresa, sin importar que esos ajustes no sean procedentes fiscalmente; lo importante es que la contabilidad sea un fiel reflejo de la empresa, después se realizarán los ajustes fiscales y conciliaciones pertinentes.
Fuente: Gerencie.com